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Compañía de Comercio y Fábricas de Zaragoza, Real

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 24/11/2009

Compañía industrial y comercial propiciada por el Estado en Aragón durante el siglo XVIII. También es conocida como «Real Compañía de Comercio y Fábricas del reino de Aragón» y «Compañía de Zaragoza». Fue creada por real cédula de Fernando VI Buscar voz... de 27-VII-1746 a propuesta de Antonio de Heredia, marqués de Rafal, intendente de Aragón, con el fin de levantar al reino de la postración en la que estaba a raíz de la guerra de Sucesión Buscar voz.... Sus objetivos concretos fueron la comercialización de los productos aragoneses en el exterior y la promoción y fomento de la industria en el país, para lo cual recibió una serie de privilegios jurisdiccionales, comerciales, fiscales, diversas franquicias y exenciones aduaneras y puerto franco en Tortosa, Vinaroz, Reus, San Sebastián y Bilbao. Fue financiada mediante la emisión de acciones y aceptando capitales a censo.

La principal actividad de la compañía fue la promoción y gestión de industrias aragonesas y la comercialización de sus productos; tres años después de su creación controlaba una docena de manufacturas, entre ellas una de papel, otra de jabón en Amposta (Tarragona), y las demás de distintos tejidos (seda, algodón, paños, lienzos) en todo Aragón y sobre todo en Zaragoza (Real Fábrica de Medias, Real Fábrica de Tafetanes, Real Fábrica de Indianas, Real Casa de la Misericordia Buscar voz...), que según Ignacio de Asso Buscar voz... suponía por entonces al menos 177 telares. Subsidiariamente y con el fin de conseguir las materias primas que precisaba, también concedió créditos de dinero a ayuntamientos y particulares, sobre todo en el Bajo Aragón Buscar voz..., para devolver en especie: seda y lana sobre todo. Además comercializó en Cataluña el alumbre y caparrosa de Bajo Aragón Buscar voz....

La compañía fracasó por errores de financiación y gestión. Más del 40% del capital suscrito lo fue en forma de censos al 3% de interés anual, de esta porción, al menos la mitad fue adquirida por la Iglesia, y casi una tercera parte por la marquesa viuda de Villafranca. Además se estipuló que también devengarían un 3% las acciones que fueran adquiridas por los eclesiásticos, y no las demás; se trataba de movilizar los grandes capitales de la Iglesia, renuentes al riesgo. Pero esto obligó a pagar muchos intereses y la compañía nunca pudo librarse de esta carga financiera. Además su actividad se diversificó rápidamente en múltiples empresas sin tener en cuenta adecuadamente la situación financiera y las posibilidades de éxito de cada una de ellas, a lo que se sumaron no pocos errores administrativos. En 1773 la compañía, en cuya gestión participaron destacados elementos de la burguesía comercial zaragozana abrumada en manos de los censalistas esto es, de la Iglesia. Aún sobrevivió diez años, siendo disuelta en 1784.

El conocimiento de esta compañía privilegiada tiene hoy un gran interés no sólo por su envergadura económica (7.174.974 reales de vellón de capital suscrito al 31-XII-1749) sino por su significado, ya que fue, junto con las acciones emprendidas por la Real Sociedad Económica Aragonesa Buscar voz... en las décadas finales de la centuria, el intento regnícola más importante de revitalizar, con el apoyo del gobierno ilustrado, la débil estructura industrial y comercial zaragozana y aragonesa en general sin abordar cambios estructurales. Empresas similares a ésta fueron fundadas también en otras regiones del Estado español, con resultados igualmente negativos por esta misma causa.

• Bibliog.:
Canellas López, A.: «La Real Compañía de Comercio y Fábricas de Zaragoza: historia de su primer trienio»; Jerónimo Zurita. Cuadernos de Historia (Zaragoza), 3 (1952), pp. 79-102.
Asso, I. de: Historia de la Economía Política de Aragón; C.S.I.C., Zaragoza, 1947 (la edición original es de 1798), interesan sólo las pp. 138-139.

• Encicl.: La Compañía sería administrada por una junta general de accionistas, un superintendente -el mismo del reino de Aragón- y tres o cuatro apoderados como directivos provisionales para la suscripción del capital, cuyos titulares luego procederían a nombrar los directivos definitivos. Se concedía a la Compañía jurisdicción exenta sólo sometida al intendente real de Aragón, se designaba como sede social Zaragoza y Tortosa según oferta de ambas ciudades, disfrutaría de libertad de comercio, con algunas excepciones, y de fletes privilegiados en orden a embarques, así como ciertos derechos de tanteo en la adquisición de materias primas. Se le concedía un generoso estatuto tributario, con excepciones en repartimientos al menos en su primer decenio de vida, en puertos y bancos (Tortosa, Vinaroz, Reus, San Sebastián y Bilbao), exenciones en ciertas compras y ventas, y varias reducciones en el régimen aduanero. La Compañía de Zaragoza disfrutaba de especiales relaciones con las de Caracas y de La Habana.

Los primeros directores de la Compañía, José Fort, Martín de Zabalegui, Simón Rodríguez y sucesivos, crearon una plana de representantes que colocan acciones de la Compañía, alquilan locales, dictan estatutos e inician el objeto social: comerciar con los frutos de Aragón y animar las decadentes fábricas aragonesas. Tuvo de inmediato favor popular, y así muy pronto recibió numerosos depósitos censales a los que se abonaba el 3 %, que por desgracia no fructificaron por carecer la Compañía de una política planificada de inversiones; por lo pronto se otorgaron créditos a labradores de la región con el compromiso de proporcionar seda de sus cosechas y a ganaderos que facilitaban lana de sus rebaños; se conoce el volumen e importe de estas materias primas así conseguidas, los empeños y ventas no sólo de seda y lana, sino sobre trigo y aceite, etc. Por otra parte se montaron fábricas de medias, tafetanes, paños e indianas y se intentó la explotación de yacimientos de sulfatos; los datos concretos de todas estas actividades durante el primer trienio de existencia de la Compañía han sido estudiados y publicados (véase articulo de A. Canellas López en Cuadernos de Historia J. Zurita, Zaragoza, 1954).

Pero la Compañía pronto caminaría al fracaso, porque emprendió desde el principio demasiadas empresas desproporcionadas a los fondos de capital con que se contaba; no se estudió cuidadosamente cuáles eran las actividades que efectivamente más convenían al país aragonés, la dirección de la Compañía desconoció en general las operaciones peculiares de cada una de las fábricas en funciones, se exageró el número de empleados y asalariados, abundaron las gentes administradoras, poco técnicas en la gestión hacendística de las empresas, la dicotomía entre el capital de accionistas y los depósitos censales, esto último aconsejó la disolución de la Compañía en 1784.

 

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