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Carlos I

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 16/03/2010

(Gante, Flandes, 24-II-1500 - Yuste, Cáceres, 21-IX-1558). Es difícil historiar como «primero» de Aragón al que fue y es más conocido como Carlos V de Europa, «Emperador de Occidente». Con justificado motivo ha podido afirmarse que el estudio de este príncipe hispano-borgoñón hispánico por adaptación de su vida e ideales, sobre todo a partir de la segunda venida a la Península, ya con el título imperial, y borgoñón por nacimiento y por educación (dirigida por su abuelo paterno Maximiliano I, y servida por Adriano de Utrecht, el futuro Papa Adriano VI, por Guillermo de Croy, por Juan de Sauvage, e incluso por su tía y primera tutora Margarita de Austria, entre otros, no puede quedar encerrado en un círculo nacional determinado. En efecto, la confluencia en su persona de tres grandes herencias, la centro-europea de los Habsburgo por su citado abuelo paterno, la borgoñona de su abuela asimismo paterna, y la Trastámara Buscar voz... hispánica procedente de su madre Juana la Loca, le convirtió desde su cuna en un muy poderoso dominador de una rica y compleja amalgama de países de muy diversas características que se extendían desde el norte germánico de Europa hasta la banda meridional mediterránea, concediéndole un signo universal y cosmopolita; no ya exclusivamente europeo, sino mundial, pues a los ricos legados aludidos hay que añadir la incorporación durante su reinado de muy amplios espacios en las Indias Occidentales (América), y el atisbo de las grandes posibilidades que entrañó el primer viaje de circunnavegación del mundo, entre 1521 y 1523.

Corresponde iniciar su semblanza como rey aragonés con una muy ligera alusión a la vía hereditaria que lo reconoció como titular de la Corona de Aragón Buscar voz... y, dentro de ella, del pequeño (en extensión) y escasamente habitado reino de Aragón, el cual, por esta razón no había de proporcionarle ni numerosos soldados para sus exigentes campañas militares imperiales, ni grandes servicios pecuniarios para apoyar sus continuas empresas de signo político y religioso, Francia, el protestantismo, la peligrosa amenaza turca... Conocido es que para que su madre Juana llegara a ser reina de Castilla y Aragón siendo tercera, y hembra, en la sucesión de sus padres, los Reyes Católicos hubo de ocurrir una serie de fatales acontecimientos: la muerte de su hermano, el príncipe don Juan, el 4-X-1497; la de la malograda hija nonnata de éste, habida con su esposa, la ya mencionada Margarita de Austria; la de su hermana mayor doña Isabel, el 23-VIII-1498; la del hijo de esta última y la de su esposo el rey portugués don Manuel, el príncipe llamado a ser monarca de toda Iberia, el 20-VII-1500. Todavía cabe añadir que la suerte desgraciada de su madre llevó a Juana a la locura —en cuya desgracia tanta influencia tuvo la conducta de su marido Felipe «el Hermoso», lo que abocó al reconocimiento, como rey ejerciente, de su hijo Carlos: no sin obstáculos y reticencias de las Cortes de Castilla y de Aragón, en sus respectivas primeras reuniones de 1518, motivadas por la pervivencia de Juana (que vivió hasta 1555). Y aun, y por último, el advenimiento de Carlos como rey de Aragón se debió a las circunstancias del malogramiento a las pocas horas de nacer -el 3-V-1509- de Juan, hijo de Fernando el Católico Buscar voz... y la segunda esposa de éste, Germana de Foix Buscar voz...; y la, tal vez más importante, del feliz desechamiento, por parte de Fernando II de Aragón, del propósito de nombrar heredero al hermano de Carlos, Fernando Buscar voz...: propósito justificado por desear para Aragón y también para Castilla, un rey sucesor suyo, educado, ambientado y conocedor, y por ende querido de las cosas y aspiraciones de las tierras y hombres hispánicos (y no como Carlos, extraño en lengua, costumbre y forma de ser y de pensar, a castellanos y aragoneses); don Fernando, en efecto, había nacido en Alcalá de Henares el 10-III-1503 y, educado por entero en ambientes netamente hispánicos, era sucesor por decisión de su abuelo, en su testamento de Burgos el 2-V-1512, resolución ratificada en el posterior otorgado en Aranda de Duero el 26-IV-1515, y definitivamente arrumbada por la más meditada, consultada, y última en su voluntad, extendida en Madrigalejo el martes 22-I-1516, poco antes de su muerte. La sucesión del infante don Fernando, futuro emperador de Austria, que tal vez hubiera evitado las revoluciones interiores (Comunidades castellanas sobre todo, y también Germanías) que agitaron los primeros tiempos del reinado de Carlos I (1520-1523), produjo un profundo eco popular, cual acreditaron las Cortes castellanas y aragonesas de 1518.

No son inútiles estos detalles relativos a los días previos e iniciales del gobierno de Aragón por Carlos I, ya que afectan esencialmente a la real circunstancia del reino, en la última fase histórica de su personalidad como tal, y por la circunstancia ya aludida de la mínima importancia que representa en el conjunto del imperio carolingio. Quizás en el período de su gobierno, que va desde 1518, o tal vez desde comienzos de 1519, hasta su abdicación como tal monarca de Aragón, el 16-I-1516, debamos señalar como sucesos más destacados o relacionados con nuestra tierra los siguientes: I) las Cortes aragonesas de reconocimiento y proclamación, que significan la primera estancia de Carlos en Zaragoza desde el 5-V-1518 hasta el 16-I-1519; II) la «paz» aragonesa durante el período revolucionario de las Comunidades y las Germanías (1520-1523); III) la resolución del problema de las Molucas (tratado hispano-portugués «de Zaragoza Buscar voz...», de 22-IV-1529), y IV) la huella perdurable carolina en Aragón (la fundación de la Universidad cesaraugustana en 1542; y antes, la creación de la Acequia Imperial de Aragon Buscar voz... (antecedente del Canal Imperial de Aragón Buscar voz...) en 1528.

—I. Durante más de ocho meses mayo de 1518 a enero de 1519, Zaragoza viene a ser la capital de todos los dominios de Carlos I.

Alojado en el palacio de la Aljafería Buscar voz..., el 7 de mayo juró mantener las leyes patrias e instituciones aragonesas. Dos meses después -el 7 de julio- fallecía, alcanzado por la peste que azotaba el reino por aquellas fechas, el canciller borgoñón Jean le Sauvage, tan odioso y notorio por sus rapacerías. Y el 17 de septiembre, el Consejo de Indias que como toda la Corte residía en Zaragoza, acordó el envío a las «islas de las Especias» de una flota exploratoria comandada por Hernando Magallanes y el astrónomo Rodrigo Falero.

—II. A pesar de su habitual turbulencia en buena parte debida a la insolencia «foral» de la nobleza, los años 1521-1523, en los que buena parte del resto de la Península se hallaba conmovida por las agitaciones de las Comunidades y Germanías, Aragón permaneció sosegado, negándose al envío de fuerzas militares anticomuneras, soslayando la complicación del problema morisco levantino y evitando asimismo las consecuencias de la invasión francesa del reino de Navarra.

Gran parte de esta política de prudencia y de indudable habilidad en marginarse de tales hogueras bélicas se debió al acierto del entonces virrey gobernador, don Alonso de Aragón Buscar voz..., hijo natural de Fernando II y arzobispo de Zaragoza y de Valencia, quien víctima de la peste falleció en Lécera, el 23-II-1520, dejando un sensible vacío y agradecido recuerdo por su obra entre sus paisanos; fue sucedido en el arzobispado de Zaragoza por su hijo natural Juan, quien rigió la sede cesaraugustana entre 1520 y 1530, y a éste sucedió su hermano don Hernando de Aragón Buscar voz....

La difícil convivencia política entre el autoritarismo monárquico castellano y la áspera vehemencia «foral» nobiliaria aragonesa quedó de manifiesto en el incidente entre los condes de Benavente y de Aranda, resuelto por la amistosa y conciliadora mediación del propio Carlos I.

También debe consignarse durante este período «pacífico» de Aragón la visita, de paso para Roma, del nuevo pontífice católico, electo el 26-I-1522, Adriano Florensa o Adriano de Utrecht, antiguo preceptor de Carlos I que éste había nombrado regente de Castilla y había de regir poco tiempo la Iglesia como Adriano VI.

—III. Asistía Carlos I a las Cortes aragonesas que se celebraban en Zaragoza en 1518 cuando ratificó el acuerdo del Consejo de Indias por el que Magallanes y Falero emprenderían luego el viaje que, persiguiendo encontrar el ansiado paso interoceánico del suroeste y la exploración de las Molucas, dio la primera vuelta al mundo, felizmente rematado por Elcano el 8-IX-1522, a los tres años de su comienzo. La pugna por las islas Molucas, tan porfiada desde el lado portugués, que ya había puesto intrigas y obstáculos a la realización del periplo magallánico, proseguía sin descanso por parte lusitana, y tanto la guerra contra Francia como la necesidad de su presencia en Italia requerían de Carlos fuertes apoyaturas económicas, cifradas en el pago a plazos por el rey de Portugal de 350.000 ducados a cambio de no entrometerse en la zona oriental de la «línea de demarcación» entre los dos Estados ibéricos que se reconocía como exclusivamente de influencia portuguesa. Este convenio, en cuyo logro también influyó sin duda la emperatriz Isabel, se firmó en Lérida, aunque por el lugar de su gestación es llamado tratado de Zaragoza; suscrito el 23-IV-1529, concedió las Molucas a la corte de Lisboa, hasta que en 1581, con la «unidad ibérica», pasaron a formar parte del gran Imperio español.

—IV. Muestra simbólica de la ejecutoria carlina imperial en Aragón son dos obras significativas: a) El Privilegio de Carlos I, de 10-IX-1542 (extendido en ocasión de la quinta reunión que bajo su reinado celebraron las Cortes aragonesas, entonces en Monzón), por el que se creaba la Universidad zaragozana, si bien es cierto que las actividades de ésta no se inauguraron hasta más de cuatro decenios después -el 24-V-1583-, merced al impulso efectivo de Pedro Cerbuna Buscar voz...; b) la organización en 1528 de la Acequia Imperial de Aragon antecedente del Canal Imperial de Aragón Buscar voz... de Carlos III, realizado por Ramón de Pignatelli, que tanta trascendencia había de tener para las sedientas tierras de la huerta zaragozana.

Nos queda por mencionar la actuación, como regente de Aragón, de su esposa Isabel Buscar voz...; la solución de los problemas de las morerías Buscar voz... aragonesas; las apretadas agendas de trabajo de las Cortes de los años 1518, 1528, 1533, 1537, 1542, 1547 y 1552, celebradas en Monzón con excepción de la primera que, como ya se ha dicho, tuvo lugar en Zaragoza; para concluir que, dentro de la significación europea y universal de su Imperio, Aragón mereció la atención, el cuidado y la paciencia de la fuerte personalidad histórica de Carlos I.

 

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