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Cancillería real aragonesa de los Antequera

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 22/06/2010

La nueva dinastía castellana implantada en Aragón con Fernando I Buscar voz... no cambió sustancialmente las prácticas cancillerescas anteriores. El primer Antequera aragonés mantendrá al personal subalterno de la cancillería Buscar voz... y aprovechará puestos de la misma para atraer a su devoción magnates que se le habían opuesto en la sucesión al trono: el canciller único de Fernando I fue Pedro Zagarriga, arzobispo de Tarragona, que desempeñó las funciones tradicionales de carácter judicial y administrativo. Con Alfonso V Buscar voz... se impuso la novedad de que habían de designarse los cancilleres y vicecancilleres dentro de los dos meses siguientes a la vacante, y recaer en personas nacidas en la Corona de Aragón; este monarca incorporó al cancillerato a personas famosas como Alonso de Argüello, que procedente de León fue nombrado arzobispo de Zaragoza, o Dalmau de Mur Buscar voz..., el gran mecenas de las artes, o Jorge de Bardají Buscar voz... o Pedro de Urrea. Hubo pluralidad de vicecancilleres, a lo que parece uno para cada Estado de la Corona, y también regentes de cancillería, cargo iniciado en 1409 para suplir las ausencias de canciller y vicecancilleres.

Fernando I ordenó los cargos internos de la cancillería, que eran los de protonotario o jefe, un primer y un segundo secretario, un lugarteniente de protonotario, escribanos de mandato ordinarios y extraordinarios y escribanos de registro ordinarios y extraordinarios. Se conocen nóminas muy completas de todos estos funcionarios de cancillería, que han dejado noticia de su existencia en los escatocolos de los documentos. Una ordenanza de Alfonso V, de 1451, precisa la existencia de dos secretarios junto al rey, dos al lado de cada lugarteniente suyo, seis escribanos de mandato en cada una de las tres escribanías, un escribano de registro por escribanía y también para cada una de ellas su peticionero, sellador y portero. Algo se alteraron en este período el importe de los derechos del sello y los abonos destinados a cada empleado de la cancillería; el reparto de los emolumentos corría a cargo del protonotario.

 

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