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Baturro

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 03/09/2010

La RAE define baturro en la actualidad como rústico aragonés; pero hasta no hace mucho tiempo se podía leer: despectivo de «bato», «hombre tonto, rústico, poco inteligente»; para Borao Buscar voz..., baturro «se dice de los jornaleros del campo y gente menos acomodada; pero es voz familiar»; y para Casares es adjetivo, «rústico aragonés»; finalmente, Rafael Andolz Buscar voz... lo define como «natural de Aragón» o castizo, y afirma que «generalmente no tiene el sentido que le da la Academia». En realidad se ha perdido la acepción del adjetivo, como labriego o rústico, y ha cobrado el apelativo cariñoso del aragonés, aunque siga conservando el matiz peyorativo «baturrada».

Independientemente del origen de la palabra, su concepto incide en el problema del «tópico» creado, como en toda España, por la literatura regionalista del siglo XIX y principios del XX, aquí escasa pero densamente sustituida por el «chascarrillo Buscar voz...» y el «cuento baturro» de nula calidad literaria y en total desacuerdo con la realidad. Aparte de diferencias personales entre personas ilustradas y otras incultas, pocas pueden subrayarse que diferencien a la población aragonesa de la de las mismas calidades de las tierras análogas; la caricatura de sus virtudes y sus defectos, reducida a la tozudez, la nobleza, exagerando las aristas, y cierta ingenuidad paleta, es totalmente falsa, aunque nosotros mismos riamos las gracias de quienes cultivan estas deformaciones. El pueblo, inculto, pobre y lleno de defectos, no coincide en nada con la «estampa baturra» que de él se hace con chocarrerías y desvergüenzas en las que la suegra, la burra, la tacañería y la ignorancia tratan de provocar una risa fácil e irritante.

Los escritores antiguos y modernos han descrito con ciertos convencionalismos, pero con coincidencias que conviene tener en cuenta, el carácter y las virtudes o defectos del aragonés. La Historia nos lo presenta en una serie de figuras simbólicas, en las que las coincidencias citadas vuelven a repetirse. Gracián Buscar voz... decía que eran «gente buena, sin mentira, doblez ni embeleco. Fuertes, discretos, reflexivos y sufridos»; y en otro lugar: «aragonés y tonto, ... para quien lo crea», apurando las alabanzas, sobre todo para Calatayud, en El Criticón: «Señor mío, por eso dicen que sabe más el mayor necio de Calatayud que el más cuerdo de mi patria. ¿No digo bien? No por cierto, ... porque no hay ningún necio en Calatayud ni cuerdo en vuestra ciudad».

Lo cierto es que tan injustas son las loas generales como los «chascarrillos» aplicados a todos los aragoneses; la vida agrícola, la dureza del clima, las dificultades económicas hasta la pobreza, forjan frugalidad, sobriedad en todo, incluso en el hablar, timidez que se esconde en socarronería y agudeza, cuando no simplicidad y desconfianza y, naturalmente, codicia y apego a lo propio; el «somarda» nace de esa tendencia defensiva frente a los más afortunados. Nunca chistoso, contempla el mundo con humor, muchas veces hiriente y desvergonzado, casi siempre legítimo en sus reticencias y usando de una franqueza sin concesiones en las situaciones extremas.

Marcial Buscar voz... puede ser un ejemplo de este humor acibarado y con aristas, pero profundo, dentro del italum acetum, que prefería perder un amigo a desaprovechar una ocasión de decir una verdad aguda; lo que llamaríamos el aragonum acetum, la frase cáustica, avinagrada y directa, el «decir las cosas claras», puede ser una de las virtudes-defectos históricos de los aragoneses que, no obstante, han tenido excelentes diplomáticos.

Pascual Madoz Buscar voz..., que vivió muchos años en Zaragoza Buscar voz..., otorgó a los aragoneses «vivacidad natural, imaginación penetrante y juicio sólido. El aragonés habla poco y defiende su opinión con firmeza, ensalza su país hasta la hipérbole, le enardece la menor contradicción, desconoce sus propios defectos y rara vez confiesa los de sus compatriotas. Altanería natural, aire serio, maneras frías, tono brusco, se corrigen con prudencia y reflexión, juicio sólido y sentimiento recto; atentos y comedidos, etc.»; para Julio Cejador Buscar voz... era «jamás servil, amigo de la igualdad, franco y verídico, independiente y digno hasta pasar por brusco y testarudo». Añadiríamos un serio sentido jurídico y de respeto a las leyes y costumbres y una especial aptitud política.

Vicente de la Fuente Buscar voz... matiza alguna de las notas expuestas, no siempre ciertas, justo es decirlo, o al menos no en todos los aragoneses: «bien sabido es que la base del carácter aragonés la forma cierta firmeza del ánimo que unos llaman constancia y energía y otros terquedad o testarudez..., lo cierto es que los aragoneses difícilmente retroceden en su propósito, si bien tardan en decidirse», de aquí el sentido especial concedido a «no reblar», es decir no titubear, retroceder o cejar o hincar en la madera la punta de un clavo cuando sale otro. Añade La Fuente la religiosidad por el número de vírgenes apreciadas, y el comportarse como gente laboriosa, fisgona y divertida, dada a utilizar vías de hecho y a «sacudirse el polvo a pesar de su carácter grave y serio». Luego aparecerán los lugares comunes a los que no podemos conceder ninguna importancia, como el vigor físico de los hombres, la belleza de las mozas, las rondas y el baile y canto de la jota, la procesión y hasta la manta, disculpando la leve tacañería; pero a esta loa, que podemos encontrar análoga en cualquier región española, añade, con buen criterio, que su retrato es el de los campesinos y no el de los señores: «La clase acomodada de Aragón, el noble, el comerciante, el eclesiástico, el abogado, etc., son tan ilustrados allí como en el resto de España y ni su traje ni su porte ni sus modales se diferencian de los de igual clase y aun exceden en finura a los de otras provincias, pero éstos son los hijos de la civilización y yo he creído que debía tomar por tipo al aragonés sencillo y primitivo, al hombre de los campos, porque, como queda dicho, el país de Aragón es esencialmente agrícola».

De La Fuente acierta en estas palabras, pero sólo si excluye como definitorio el «baturrismo», la matracada y el chascarrillo, porque todo esto puede convenir a una persona rústica, zafia, torpe e ignorante, en cualquier sitio, pero no puede representar el espíritu de nuestros labriegos, mesurados, de buen sentido, de conceptos claros y con respeto tradicional a las leyes, a las costumbres y a la palabra dada. Como Laín Entralgo Buscar voz... ha escrito, Aragón Buscar voz... es una tierra de «libertad, sencilla, laboriosa, pobre, habitada por unos hombres modestos, enamorados de la verdad y de la justicia y conscientes de su propio valer que se organizan en un régimen de democrática igualdad y que detestan toda ostentación y todo predominio». Para demostrarlo se puede recurrir al peligroso testimonio histórico de acontecimientos o personas singulares; el peligro está en la selección para probar determinadas notas del carácter y la conducta, porque se podrían encontrar ejemplos absolutamente contrarios, con lo que con tal sistema seguiremos insertos en el tópico. Citemos el Compromiso de Caspe Buscar voz..., en el que predominaron el buen sentido y los argumentos pacíficos sobre la pugna armada, aunque ni todos los que participaron en las decisiones o la organización fueron aragoneses ni estuvieran ausentes las insidias e intrigas.

Siguiendo con el texto de Laín, hallamos que «el sentido común, la sensatez, la cordura prudente de la gente discreta, es la virtud esencial de los aragoneses. Su instrumento en la vida es la lógica...». Frente a ello hemos de insistir en notas como la pobreza, la fortaleza tosca y ruda, la acritud y a veces la brutalidad, incluso en las expresiones verbales, la ancestral apetencia del dinero y la rabiosa vigencia de los intereses, de la «casa», la violencia del amor, el egoísmo; con todo esto el orgullo, la reflexión que llega hasta la reserva, el realismo, la indiferencia, la burla, la envidia y el denuesto frente a los convecinos, la alabanza sin crítica de lo ajeno...

En este intento de tamizar con buen sentido el tópico de lo baturro pueden encontrarse apoyos en los elementos históricos, desde la misma antropología física Buscar voz... al análisis de instituciones como los Fueros Buscar voz..., las Cortes Buscar voz... y el Justicia mayor Buscar voz..., dentro del espíritu jurídico. El realismo buscado hasta la incomodidad, el simplismo nacido de la frugalidad material y un sentido igualitario que no excluye el respeto por las diferencias justas, han hecho que incluso los seres excepcionales hayan sido en Aragón fruto de su tiempo y resultado de los ingredientes esenciales de lo aragonés; ya hemos visto el ejemplo de Marcial, bilbilitano, con virtudes y defectos que tal vez sean todavía los nuestros, ridiculizando mordazmente a Roma y añorando las duras tierras de su Celtiberia natal; podríamos añadir a Fernando el Católico Buscar voz..., de Sos, como prototipo de político renacentista; o a Martín Cortés de Albacar Buscar voz..., de Bujaraloz Buscar voz..., con la paradoja de ser monegrino que nunca navegó, pero que enseñó a navegar en su Esphera a los mismos ingleses. O al papa Luna Buscar voz..., tozudo defensor de su derecho por encima de halagos y de dádivas, hasta la muerte; o al conde de Aranda Buscar voz..., Joaquín Costa Buscar voz... y tantos otros, y fundamentalmente a Goya Buscar voz..., que podría ser una síntesis genial de cóleras y ternuras, de sencillez y de celos, de ingenuidad de hombre nacido del pueblo y de complicación aprendida como cortesano. En síntesis, debe separarse lo baturro del baturrismo de chascarrillo de palurdos, y encontrarse la raíz de lo aragonés fuera del tópico, a lo largo de los altibajos y contradicciones que la historia de cada pueblo tiene.

• Bibliog.:
Beltrán, Antonio: Introducción al folklore aragonés; Zaragoza, 1979, pp. 25 y 126.

Ling.: Aplicado al hombre rústico aragonés, de ahí ha pasado el término a designar el habla vulgar propia de éste. Muchos de sus rasgos coinciden con los de otras regiones españolas. El concepto de baturro tiene su máxima difusión en el siglo XIX, debido a que los aragoneses, desgraciadamente, no supieron ir en el terreno cultural más allá de folclorismos, y en el lingüístico no pasaron de un baturrismo trasnochado. La imagen estereotipada del hombre aragonés se perfila como la de un rústico de pocas luces, de una tosquedad manifiesta, aunque en el fondo bienintencionado, y de una expresión fundamentalmente basta y zafia a base de vulgarismos castellanos. Esta «lengua» baturra nada tiene que ver con el aragonés Buscar voz..., si bien encontramos numerosos aragonesismos léxicos y sintácticos.

Entre los escritores que cultivaron este estilo tenemos a Eusebio Blasco Buscar voz..., Alberto Casañal Buscar voz..., Sixto Celorrio Buscar voz..., Crispín Botana Buscar voz..., Mariano Baselga Buscar voz..., etc. Sus características lingüísticas son las siguientes: hay indecisiones en el timbre de las vocales inacentuadas (siñor, sigún, botecario, tío Cerilo y tía Veturiana), actuando la asimilación y disimilación con plena libertad; el matiz abierto de la e en el diptongo ei se exagera pronunciándose como a (lay, «ley»; paine, «peine»); las vocales en hiato pasan a formar diptongo con más regularidad (rial, «real»); la relajación y pérdida de los sonidos d, g, r es frecuente; la pérdida de la d ocurre, sobre todo, en la terminación -ado (rematau; laus, «lados»); también se suprime en otros muchos casos, dando lugar a la fusión de vocales iguales (na, «nada»; to, «todo»; pue, «puede»); más restringida está la omisión de g (aúja, aujero); la de r alcanza solamente a palabras de fácil desgaste señá/siñá, «señora»; pa, «para»; quiés, «quieres»; paice, «parece»); el diptongo ue se refuerza con una g previa (güeso, güevo); en algunos casos este mismo sonido sustituye a la b (agüela, güey); hay una tendencia a cambiar la f- inicial en j- ante el diptongo ue (juerte, juente, ajuera); la escasa conciencia de la separación de palabras permite la aglutinación (qui almorzau mucho, «que he almorzado mucho»; dende qui entrau, «desde que he entrado»); entre vocales desaparece la d en la preposición de (un señalico e vino, una cazolica e sopas); se agrupan preposiciones y artículo (pal corral), y ante vocal se apocopa la -e de me, te, se, le, que, de (t´alcuerdas, pa que s´oiga); los grupos consonánticos se simplifican en los latinismos, bien suprimiendo una consonante, bien vocalizando la primera de ellas (dotor, leción; aspeuto, «aspecto»; carauter, «carácter»); el pronombre personal de segunda persona del plural es sus para el dativo (sus digo que no); en el verbo hay arcaísmos como los pretéritos truje (traje), acabemos (acabamos) y el presente semos (somos). Abundan las formas analógicas vaiga (vaya), haiga (haya); la -r del infinitivo no se pronuncia cuando lleva enclítico un pronombre (comprále, pa no cansáte); aragonesismos léxicos encontramos muchísimos, entre otros chuflar, malmeter (estropear), rancar (arrancar), esbotar (reventar), coda (cola), indo (yendo), si gosa aprender pa musíco, prebar (probar), nusotros (nosotros), Rafél (Rafael), Alifonso (Alfonso), etc.

 

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Baturra. Óleo de Marín Ba...Baturra. Óleo de Marín Bagüés

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