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Revolución de 1854

Contenido disponible: Texto GEA 2003  |  Última actualización realizada el 18/07/2008

Ocurrida en julio de 1854, va a poner fin a diez años de gobierno del Partido Moderado Buscar voz..., durante los cuales su política de camarillas estaba asfixiando a la todavía larvaria burguesía comercial e industrial.

Es en Zaragoza donde, el 20 de febrero, hay un primer intento de rebelión, protagonizado por elementos militares y miembros del Partido Demócrata Buscar voz..., todos ellos dirigidos por el brigadier Hore Buscar voz... y el catedrático demócrata Eduardo Ruiz Pons Buscar voz.... Su fracaso motivará un aumento de la represión policial en todo el Estado.

El 28 de junio un grupo de generales y altos mandos del ejército, entre los que se encontraba O’Donnell, se sublevan contra el gobierno y dan a conocer el «Manifiesto de Manzanares», en el que se reclama un brusco giro a la política del gobierno y un cambio de éste. A la semana siguiente todavía no se ha sofocado la intentona y en la segunda quincena de julio se producen movimientos populares en las principales ciudades. Entre ellas es fundamental Zaragoza, que se convierte en el baluarte del Partido Progresista Buscar voz..., y desde donde conseguirá este grupo catapultar a Espartero Buscar voz... a la presidencia del Consejo de Ministros.

En Zaragoza se encontraba desde el día 9 de julio el brigadier Ignacio Gurrea, amigo personal de Espartero, que conspirará a su favor y cuya actuación será decisiva. El 17 y tras recibirse noticias del alzamiento de Barcelona se forma una Junta de Gobierno Provincial compuesta por destacadas personalidades zaragozanas ligadas al mundo de los negocios y al progresismo; es presidida por el mismo Espartero. Mientras, la población se agolpa en las calles de la ciudad reclamando amnistía para los presos políticos. La actitud algo tibia del capitán general Rivero, de tendencia o’donnelista, y un intento de contragolpe a cargo de un batallón de granaderos, provoca la indignación popular contra aquél, y graves problemas de orden público que se agravan con el intento de asalto a una fábrica de harinas. La Junta conseguirá que el 19 dimita Rivero. Nada más nacer, ésta dio a conocer su programa, basado en la exigencia de una nueva constitución, la descentralización, el establecimiento de la Milicia Nacional, la reforma de ciertas leyes orgánicas en sentido liberal y el fin de la corrupción administrativa.

Mientras tanto Espartero, preocupado por las tensiones existentes en la ciudad, retrasará la que será su apoteósica entrada hasta el día 20. Llamado por la reina Isabel II Buscar voz..., llegará a Madrid el 29 para presidir el gobierno.

Pero la rebelión no se circunscribió a Zaragoza, sino que también se formaron juntas en Huesca y Teruel, esta última presidida por el demócrata-republicano Víctor Pruneda Buscar voz.... Desde Calatayud, Daroca, Alcañiz y Belchite se envían delegados a Zaragoza y también en Ejea, Ricla, La Almunia, Cariñena y Ateca hay pronunciamientos antigubernamentales.

El 1 de agosto el nuevo gobierno que preside Espartero determina que las juntas pasen a tener carácter consultivo, despojando a éstas de la soberanía que ejercían. La de Zaragoza será la que proteste más enérgicamente, exigiendo una descentralización que acerque los poderes públicos al pueblo. También en estos primeros días de agosto los demócratas, que editan dos periódicos, crearán problemas por pensarse que planeaban algún tipo de rebelión ante el giro que tomaban los acontecimientos; la rebelión no llega a producirse y queda en una marcha hasta el lugar donde murió, el 20 de febrero, el brigadier Hore.

En la revolución de 1854 confluyeron tres sectores políticos; los progresistas, que son hegemónicos, dominan la situación y representan las aspiraciones económicas de la naciente burguesía interesada en la industrialización y en el libre comercio, cuyo típico ejemplo es el banquero Juan Bruil Buscar voz..., de señalada importancia en los acontecimientos narrados; los demócratas, con amplio apoyo en las masas urbanas de Zaragoza, que defenderán la pureza de la revolución de julio y sus conquistas; por último los o’donnelistas, que gozan dentro de la alta oficialidad del ejército en Aragón de una notable implantación (prueba de ello es el propio capitán general), y que tratarán de frenar el desbordamiento revolucionario de las masas. En julio de 1856 será precisamente Zaragoza la última ciudad que se rinda al general O’Donnell, quien expulsa a los progresistas del poder.

• Bibliog.: Borao, Jerónimo: Historia de Alzamiento en Zaragoza de 1854; Zaragoza 1855.

 

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