Gran Enciclopedia Aragonesa

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Atlas lingüísticos

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Un atlas lingüístico es la proyección cartográfica de los hechos de lengua. Este procedimiento de investigación fue creado por Gilléron (1905), con su monumental Atlas Lingüístico de Francia, y ha tenido enormes repercusiones para la investigación lingüística; de tal modo que se ha podido evolucionar, sin abandonar la «ortodoxia» primitiva, hacia nuevos aspectos de biología lingüística, de las relaciones entre dialectología y etnografía, del hallazgo de una sociología lingüística. Desde un punto de vista técnico, la cartografía que nos ocupa ha tenido dos proyecciones: la llamada de los atlas de grandes dominios (Italia, península ibérica, etc.) y la de los atlas de pequeños dominios (Gascuña, el Lionesado, Valonia, etc.).

Aragón ha tenido cabida en una serie de empresas a las que vamos a referir nuestro interés. En el Atlas Lingüístico de la Península Ibérica (sólo se han publicado 75 mapas, en 1962) la representación regional es muy discutible: baste señalar que todo el Pirineo no tiene más que cinco puntos, todo el oeste de la provincia de Zaragoza quedó sin explorar y la distribución de las localidades investigadas se hizo sin ningún criterio científico. En otras obras cartográficas de gran empeño, nuestra región está representada: así en el Atlas Linguarum Europae y en el nuevo Atlas Lingüístico de España y Portugal, dirigidos respectivamente por A. Weijnen y M. Alvar.

En los atlas de pequeños dominios, Aragón contó en el catalán, realizado por A. Griera, desde 1923 a 1936. Aunque sólo cupieron en él, como es lógico, las hablas fronterizas, sobre los datos de Griera se pudieron redactar diversos estudios considerando la vertiente aragonesa. También en el atlas de Gascuña (dirigido por J. Séguy) se incluyeron algunos puntos de la región, pero salvo una encuesta en Echo, las localidades aragonesas no fueron investigadas directamente, sino a través de lo que la bibliografía permite reconstruir. En el verano de 1962, cobró realidad el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Aragón, obra planeada y organizada por Manuel Alvar. En 1979, apareció el primer tomo de la obra; en abril de 1980, vio la luz el tomo IV y, el resto, hasta doce tomos, se anunciaba con un ritmo acelerado. Aunque la redacción de la obra es exclusivamente tarea del director, colaboran en la empresa A. Llorente, T. Buesa, E. Alvar y J. Alvar.

El Atlas de Aragón era la gran obra que necesitaba una vasta región con muy variadas fisonomías, unas tierras multiformes, y unos hombres que dieron sentido europeo a la historia de España. Para recoger hechos lingüísticos y etnográficos, tres exploradores (Alvar, Llorente, Buesa) llevaron a cabo unas 130 encuestas, formulando en cada una de ellas casi 3.000 cuestiones (en ellas constan las muchas preguntas que se desglosan en varias). Se han transcrito, pues, unas cuatrocientas mil formas, se ha ordenado un fichero de unas cinco mil fotografías de carácter etnográfico y se han dibujado centenares de motivos.

Una empresa gigantesca como ésta planteó infinidad de problemas: el menor de todos ellos no fue, precisamente, el de encontrar cabal sentido a la ordenación de los datos, que, por razones geográficas, históricas, económicas y sociales, vinieron a rebasar con mucho el trazado primitivo. Por eso el proyecto se amplió a Navarra (coincidencias pirenaicas, de las riberas del Ebro) y a Rioja (conexión regional con el sur de Navarra y con el oeste de Zaragoza). De este modo, la obra, que iba a ser exclusivamente aragonesa, se ha enriquecido con todo el abigarrado mundo que es la cuenca media del Ebro.

 

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