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Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNP)

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 16/07/2009

En 1909 y en el madrileño colegio de Areneros, el sacerdote jesuita A. Ayala fundó la A.C.N.P. con un selecto grupo de congregantes marianos de entre los que destacaba A. Herrera Oria, su primer presidente. Se trataba de una organización de seglares con la finalidad de formar élites católicas que acudieran a la defensa de los intereses de la Iglesia allí donde peligraran. Pero la identificación de los intereses de la Iglesia con los de las clases dominantes amplió considerablemente el radio de acción de la A.C.N.P. Bajo el techo ideológico del catolicismo social Buscar voz..., sus miembros han protagonizado las más importantes actividades conservadoras y contrarrevolucionarias de nuestra historia contemporánea. Un breve recuento de las instituciones en las que han participado incluiría, hasta 1936, a El Debate y la Editorial Católica; el Partido Social Popular, la Confederación Católico-Agraria y la Confederación de Estudiantes Católicos; Acción Popular y la Confederación Española de Derechas Autónomas Buscar voz... (CEDA); Acción Católica Buscar voz..., la Confederación Católica de Padres de Familia y el sindicalismo católico patronal y obrero; el Instituto Social Obrero y el Centro de Estudios Universitarios. Todo un «imperio espiritual» —según la feliz expresión de un propagandista—, al que los católicos sociales aragoneses habrían de contribuir decisivamente.

Desde principios de siglo funcionaba en Zaragoza la Acción Social Católica, a la que se deben, entre otras cosas, la Caja de Ahorros y Préstamos de la Inmaculada Concepción (1905) y el Sindicato Central de Aragón de Asociaciones Agrícolas Católicas (1909). Por eso no resulta extraño que el primer centro provincial de la A.C.N.P. fuera el de Zaragoza: nació en 1918 con miembros procedentes de la Congregación de los Luises y de la rama juvenil de la Acción Social Católica. En 1923, el cardenal Soldevila Buscar voz... impuso la insignia de propagandistas numerarios a J. Fabrat, M. Sancho Izquierdo Buscar voz..., A. Febrer, M. Sanz Najer, F. Garbayo, E. Laño Peña y P. Perales.

Al poco tiempo, el Centro de Zaragoza llegó a contar con cerca de treinta miembros, cantidad sólo superada por el de Madrid. Representaban a los elementos más dinámicos de la burguesía regional, grandes propietarios agrícolas y pequeña burguesía urbana. Su actividad correrá paralela a su importancia numérica y composición clasista. El secretario del Centro, Sancho Izquierdo, impulsó en 1922 la formación del Partido Social Popular, cuyo «grupo promotor» de Aragón estuvo mayoritariamente constituido por propagandistas. Febrer inició en 1921 la Federación Aragonesa de Estudiantes Católicos, que sería después presidida por Laño Peña. Otro propagandista, el terrateniente J. M. Azara, reorganizó en 1918 el Sindicato Central de Aragón, bajo cuya dirección alcanzaría un poderoso auge. El Sindicato, que formaba parte de la Confederación Nacional Católico-Agraria y que agrupaba a las diócesis de Zaragoza, Huesca y Jaca, decía contar en 1924 con más de 300 entidades adheridas y cerca de 40.000 socios. Sus distintos puestos directivos fueron copados por propagandistas, como el propio Azara, Sancho Izquierdo, J. M. Hueso, J. M. Sánchez Ventura, M. Baselga y M. García Lacruz. Y junto a ello hay que consignar a la Federación Turolense de Sindicatos Agrícolas Católicos, también integrada en la Confederación con 126 entidades y más de 6.000 socios en 1924, en cuya organización participó la A.C.N.P. de Teruel, fundada por esas fechas. Pero fue durante la II República cuando la A.C.N.P. aragonesa demostró su mayor virtualidad práctica al servicio de los intereses católicos y contrarrevolucionarios. Sin abandonar las obras anteriores, en 1933, una vez constituida la C.E.D.A., los tres partidos aragoneses que en ella se integraron contaban con propagandistas en sus principales puestos directivos. Así, por ejemplo, de entre los diputados cedistas aragoneses destacaron Sancho Izquierdo por Teruel; J. Moncasi Sangenís por Huesca; y M. Sierra Pomares, D. Pérez Viana, J. A. Cremades Royo y Sánchez Ventura por Zaragoza. Su órgano de prensa oficioso era El Noticiero, que, fundado en 1901, adoptó durante los años republicanos un sistema de financiación que le hizo dependiente del Centro de la A.C.N.P. de Zaragoza: además de muchos de los ya citados, fueron también consejeros del periodico J. Julve, J. Guallart, I. del Cacho, etc.

De ahí que la postura de la A.C.N.P. en 1936 fuera absolutamente favorable al bando «nacional» de la guerra civil y al nuevo régimen que acaudillaba el general Franco. Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurrió con la A.C.N.P. madrileña (suministradora casi en exclusiva de élites católicas y, a partir de 1945 organizadora de los nuevos rumbos ideológicos del régimen), la aragonesa disminuyó notablemente su actividad pública. Algunos de sus miembros ocuparon cargos de cierta importancia: Sánchez Ventura en la alcaldía de Zaragoza, Cremades Royo en el gobierno civil de Lérida, L. Martín-Ballestero en los de Logroño y Álava. De un lado, la Dictadura hacía relativamente innecesaria esa actividad; de otro, el escaso protagonismo colectivo de la A.C.N.P. aragonesa en las estructuras de Falange le desplazó de las nuevas organizaciones que adoptaban sus antiguos dominios: el S.E.U., la Organización Sindical y la Unión de Cooperativas del Campo.

Con todo, la A.C.N.P. zaragozana reforzó su peso en la Universidad y en diversas instituciones financieras o empresariales. Por ejemplo, Sancho Izquierdo fue rector de la primera, y J. Sinués dirigió la Caja de Ahorros de Zaragoza, en cuyo consejo de administración se sentaron muchos propagandistas, así como en el de Eléctricas Reunidas de Zaragoza. Otras actividades, como la Acción Católica o la Asociación Católica de Padres de Familia sólo se concretaron en el Stadium Casablanca o la Escuela Profesional de San Valero.

Durante los últimos años, su más brillante manifestación corporativa consistió en la celebración en Zaragoza de los Coloquios Cristianos Internacionales de 1968, 1970 y 1972.

Puede decirse que se encuentra así en una fase de estancamiento, impuesta por las circunstancias de una vida católica menos militante, una vida económica que privó de poder a la burguesía regional y una vida política centralizada en Madrid.

No se produjo el reclutamiento de jóvenes imprescindible para revitalizarla. Mientras que el total de la A.C.N.P. contaba, según el censo de 1975, con cerca de 700 miembros, Teruel sólo aportaba uno (J. M. Contel), Huesca cuatro (J. Arós, L. Buil, etc.) y Zaragoza menos de veinte (C. Alonso, L. Blasco, J. Dufol, A. Duque, M. Vitoria, etc.), cuya edad media supera con mucho la ya elevada media nacional de 57 años. Acaso por ello, la contribución de la A.C.N.P. aragonesa a la transición política ha pasado desapercibida. Muchos de sus miembros apoyaron en las elecciones de 1977 a la Democracia Cristiana de Aragón, presidida por el propagandista M. García-Atance. Su fracaso electoral vino acompañado por la desaparición de El Noticiero, todo un símbolo de la escasa vitalidad que la A.C.N.P. aragonesa demuestra y de las difíciles perspectivas que tiene ante sí.

 

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