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Eremitismo

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Forma de vida de algunos cristianos —clérigos o laicos, hombres o mujeres— que, renunciando a la vida social, se retiran en la soledad para dedicarse, sin sujeción a un orden jerárquico, a la oración y la penitencia. Son llamados anacoretas, eremitas y también ermitaños.

Este género de vida, implantado por San Pablo, primer ermitaño en el año 300, apareció en Aragón en la primera mitad del siglo v, como estrategia de penetración del cristianismo. Considerado como fin en sí mismo, el eremitismo aragonés floreció en la época visigoda y durante la dominación musulmana. Se tiene noticia de los eremitorios altoaragoneses de Valdonsera, valle de Nocito, valle de Atarés, valle de Basa, ribera del Vero entre Alquézar y Lecina y otros.

La libertad de los eremitas despertó la desconfianza de los obispos, reflejada ya en algunos cánones conciliares de Toledo. La necesidad de evitar abusos y la atracción de los eremitas, a los que acudían discípulos, favorecieron el paso del eremitismo a la disciplina cenobítica o monástica. El abad Victorián se vio precisado a fundar el monasterio de Asán. Los eremitas de Nocito crearon el monasterio de San Úrbez. Los eremitas del Vero propiciarían la fundación del de San Cucufate de Lecina. Y el eremitismo del valle de Atarés terminó en la fundación monástica del 920, que fue, a partir de 1071, San Juan de la Peña. Sin embargo, no desapareció el eremitismo, si bien se procuró someter los eremitas a la tutela de algún monasterio. Todavía en el siglo xvi se practicaba el eremitismo en San Hipólito de Bagüeste, Santa María de Cillas, San Julián de Andía y Santas Mártires del Puy.

Desde fines de la Edad Media evolucionó el concepto de ermita y ermitaño. Se entiende por ermita el santuario dedicado al culto de un santo invocado contra determinados males, como tormentas, pestes, enfermedades, sequía o esterilidad. Y se llama ermitaño al hombre y ermitaña a la mujer al servicio de una ermita, en la que viven y para cuyo sostenimiento recogen limosnas en salidas periódicas por los pueblos de la comarca. En Aragón se han inventariado unas 990 ermitas de estos caracteres.

• Bibliog.: Canellas, A.: «Noticias sobre eremitismo aragonés»; Analecta Legerensia, I, Pamplona, 1970, pp. 257-308.

 

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