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Repoblación

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Acción pacífica, mediante la que se ocupan tierras propias o pertenecientes a los musulmanes. Aunque es típica de la Edad Media y consustancial con ella, la repoblación se ha seguido realizando durante toda la Historia.

• Hist. Medieval: Las tierras aragonesas medievales tuvieron —sobre todo en la zona llana— una densidad de población muy baja. Por eso desde el siglo XI los reyes intentaron rellenar ese vacío repoblando los núcleos urbanos principalmente o los lugares despoblados que tenían importancia estratégica. El sistema seguido siempre ha sido el de atraer repobladores de cualquier parte del occidente europeo, principalmente de la actual Francia. La atracción se conseguía otorgando unos fueros o cartas de población con más ventajas que los posibles repobladores pudieran tener en sus lugares de origen. Frente a la escasez de tierras cultivables en Europa, en Aragón las había en abundancia. Pero más interés que el propio cultivo de la tierra tuvo para estos repobladores la posibilidad de mejorar de estado social al asentarse dentro de determinadas ciudades, ya que—si no la tenían— alcanzaban la libertad. El problema fundamental de los reyes aragoneses fue la repoblación de las grandes ciudades, ya que en principio una minoría cristiana tenía que defenderla contra los posibles enemigos musulmanes. Con el tiempo la masa de musulmanes que habían permanecido en tales ciudades se convirtieron al cristianismo, desapareciendo el peligro.

• Hist. Moderna: A comienzos del siglo XVII buena parte de la nobleza y del alto clero, a imitación de sus antepasados medievales, se vieron obligados a otorgar cartas pueblas en un intento de atraer personas que cultivaran sus tierras, despobladas como consecuencia de la expulsión de los moriscos Buscar voz... en 1610.

La concesión de cartas y fueros de repoblación, que en la Edad Media había provocado importantes corrientes migratorias, no parece que tuviera un éxito similar, contribuyendo a ello diversos factores: de un lado las duras concesiones impuestas por los señores, incapaces de renunciar a ninguno de sus privilegios ni rentas, a los hipotéticos repobladores que acudieran a instalarse y poner en explotación sus dominios, pues prácticamente en nada diferían de las que habían soportado los moriscos; de otro, las pretensiones sostenidas por los acreedores de los concejos moriscos, quienes, al verse privados de las rentas de sus censales Buscar voz..., intentaron incautarse de las tierras abandonadas, iniciándose numerosos pleitos, con lo que de hecho se dificultaba la reocupación de la superficie agrícola. El conflicto entre propietarios de la tierra y censalistas no hallarían su solución hasta las Cortes de 1626; para entonces, eran numerosas las explotaciones abandonadas que presentaban un estado calamitoso: «Las heredades se han hecho hiermas, y los árboles se han secado y el açud se ha derruido y las çequias se han enrronado», se decía en un informe sobre el estado de los regadíos caspolinos en 1620, y situaciones similares se ofrecían en otros lugares antes habitados por los moriscos.

Como consecuencia de todos estos contratiempos, el proceso de repoblación resultó extremadamente lento. Cuarenta años después de la salida de los nuevos convertidos la mayoría de las localidades donde residían no habían recuperado los niveles demográficos anteriores a la expulsión. Habría de pasar mucho tiempo hasta que los distintos núcleos afectados lograran superar de manera definitiva las secuelas de 1610 y ello, al parecer, fue debido más a su propio crecimiento demográfico interno que a los aportes exteriores.

• Bibliog.: Colás, G. y Salas, J. A.: Aragón bajo los Austrias; Zaragoza, 1977. Reglá, J.: Estudios sobre moriscos; Valencia, 1964. Colás, G.: La Bailía de Caspe en los siglos XVI y XVII; Zaragoza, 1978. Maiso, J.: «La cuestión morisca en Bulbuente, 1576-1700»; Estudios del Departamento de Historia Moderna, Zaragoza, 1976, pp. 247-276.

 

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