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Piedra de rayo

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Folc.) El pedernal o sílex ha sido empleado para producir chispas con el eslabón antes de la aparición de las cerillas, bien para usos domésticos, bien para percutores de armas de fuego y también para los trillos, con lo que en muchos lugares se encuentran restos de la fabricación que, en ocasiones, se confunden con yacimientos prehistóricos, puesto que el sílex fue la base para la industria de fabricación de artefactos durante las Edades de la Piedra y la del Bronce. El pueblo convirtió estos útiles en misteriosos, se les llamó ceraunias y parece que el mismo Augusto las coleccionaba; les atribuyeron propiedades curativas o, por el contrario, influencias nefastas. En numerosos lugares se supone que se trata de rayos petrificados al caer en el suelo, y por consiguiente servían como amuletos contra ellos en las tormentas; en Layana los pastores las arrojaban lejos para evitar daños. A la toponimia popular han pasado los nombres «pedernera», «pedreñal» y similares, sin que existan otras determinaciones según la forma o tamaño de los instrumentos tallados o pulimentados. En Bujaraloz, respecto de una punta de bronce, se decía que era un rayo que al caer, penetraba cinco «estados» (por «estadios») en el suelo, saliendo a la superficie a razón de un estado por año, en los cinco siguientes y cobrando entonces el valor de talismán. La creencia en el valor apotropaico de las piedras de rayo es universal.

• Bibliog.: Beltrán, Antonio: Introducción al folklore aragonés; II, Zaragoza, 1978, p. 82.

 

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